Libro la odisea, Un Proyecto de Amigos: HMS (Parte I)
En foto de archivo recibiendo un premio otorgado por el estado de Sinaloa. Acompañado por Herberto Sinagawa Montoya, famoso cronista y compañero del medio periodístico.
En 1970 Juan S. Millán Lizárraga alternaba sus estudios en la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Sinaloa con la impartición de clases de Historia y Civismo en el Instituto Americano, y con su trabajo como locutor en la radiodifusora XESA, en Culiacán, capital del estado de Sinaloa.
Jesús Alberto Aguilar Padilla estudiaba Derecho y recorría la misma ciudad en motocicleta como cobrador de contratos de publicidad para la XECQ, radiodifusora en la que prestaba servicios como ‘chícharo’ o ‘misceláneo’ -es decir, donde hacía de todo-, y en la que finalmente le dieron oportunidad de hablar en los micrófonos.
De esa manera, cristal de cabinas de por medio, nuestros dos personajes se conocieron en la segunda planta del edificio ubicado en la esquina sureste que forman la calle Mariano Escobedo y la avenida Obregón, y a partir de entonces entablaron un tierna y entrañable amistad.
A los dos amigos, la vida se les presentaba por aquellos días como una dura batalla por la supervivencia, sin que por las trazas pudiera nadie imaginarse que un día estarían convertidos en los hijos predilectos del poder político y económico de Sinaloa.
En esos prehistóricos tiempos había dos grupos en el Sindicato de Trabajadores de la Radio y la Televisión (STIRT). Uno era el dominante y lo encabezaba José Peña Torres; el otro estaba integrado por los llamados ‘locutores instruidos’, entre los que se contaban personajes como Rafael Guerra Miguel, Salvador Echegaray Picos y José de la Luz Briggs.
Primicias de su participación política fue aquella alianza que al interior del referido sindicato Millán formó con otros locutores -entre los que se contaba, por supuesto, Aguilar Padilla- para impulsar un movimiento contra Jesús Manuel Viedas Esquerra.
Al paso de los meses, dinámicas distintas impusieron distancias entre Millán y Aguilar. Éste se fue a la ciudad de México a trabajar con Sammy David en un área de la Secretaría de Gobernación, de donde salió tiempo después para ir a laborar bajo las órdenes de Mario Niebla Álvarez a la Secretaría de la Reforma Agraria. (En esa época Antonio Toledo Corro era Secretario de dicha dependencia; el doctor Gonzalo Armienta Calderón Subsecretario; y Mario Niebla, Director de Área).
Jesús Aguilar regresó a Sinaloa con cargos irrelevantes en la administración toledista (1981-1986), situación que mejoró en la gestión de Francisco Labastida Ochoa (1987-1992), al ser designado titular de la Dirección del Trabajo y Previsión Social como un favor político a Millán Lizárraga.
En 1988 Aguilar fue candidato a diputado por el octavo distrito, el cual ganó muy ajustadamente, tanto que se la hicieron tablas a favor del panista Rafael Núñez Pellegrín. De 1989 a 1998 ocupó, sucesivamente, los cargos de gerente regional de CONASUPO y delegado de INFONAVIT en la entidad.
Por su parte, Millán se incorporó al gobierno de Alfonso G. Calderón Velarde (1975-1980) a las órdenes de José Antonio Malacón Díaz, después de lo cual fue designado como Director General de Tránsito y Transportes.
En 1981, con el indiscutible respaldo del legendario líder cetemista Fidel Velázquez, Millán es investido como Secretario General de la Federación de Trabajadores de Sinaloa, a pesar de la persecución en su contra del gobernador Antonio Toledo Corro.
Estas credenciales permitieron a Juan Millán ser postulado en 1982 por el Partido Revolucionario Institucional para el Senado de la República, en mancuerna con Ernesto Millán Escalante, quien a su vez era impulsado por el entonces candidato presidencial Miguel de la Madrid Hurtado.
Aunque con reserva, la plataforma que significaba la senaduría permitió a Millán y sus más cercanos colaboradores comenzar a valorar la posibilidad de luchar por un objetivo más ambicioso: la candidatura del tricolor, en 1986, para la gubernatura de Sinaloa.
Nacía así un grupo y un proyecto político que al interior del PRI comenzó a ser identificado como El Millanismo.


